El colectivo laNave busca un nuevo habitante.

Buscamos una persona interesada en compartir vivienda y proyecto, una vivienda y un proyecto basados en la colectividad, el anticapitalismo y la autogestión, y que quiera participar en los proyectos de autogestión y redes de apoyo mutuo que se están dando en el barrio (Nodo de autoproducción de Carabanchel, Red de Colectivos Autogestionados, Huerto Urbano); una persona con inquietudes de transformación y expresión política y artística.
 
A día de hoy llevamos a cabo proyectos de autoproducción y consumo (cosmética, cerveza), editamos un fanzine mensual, estamos creando un taller de restauración y reciclaje de muebles, y realizamos algún pequeño evento en el espacio (microteatros, recitales…)
 
Si quieres saber más sobre nosotras muévete por la web o escríbenos un correo a lanave@riseup.net
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a los 343 cabrones; ninguna mujer es tu puta

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/10/31/actualidad/1383253019_218999.html

 

y la respuesta que se merecen: http://brujasyputas.wordpress.com/2013/11/01/a-los-343-cabrones/

Grupo Krisis

Todos sus artículos en castellano aquí.

¡El EKO resiste!

http://eslaeko.net/2013/10/el-eko-resiste/

El pasado jueves, una dotación de bomberos, junto a policía municipal y personal de la Junta del Distrito de Carabanchel se presentó en ESLA El Eko con la intención de pasar la Inspección Técnica del Edificio (ITE) porque, según aseguraron, estaba sin pasar desde 2009. En ese momento, el espacio estaba cerrado y tras explicar la situación a varias vecinas que pasaban por la calle, decidieron abandonar la zona.
Todo siguió en calma hasta este sábado, que se celebraba la II edición de la fiesta Electro Kick Da Mic y Undermad. Esa tarde, los compas que montaban el evento estaban tranquilamente preparando todo cuando sin avisar, sin orden y sin ni siquiera preguntar, un grupo de 20 o 25 policías municipales y antidisturbios ha irrumpido dentro del Eko. Según dijeron, no necesitaban de ninguna orden judicial para entrar dentro del edificio, puesto que tenían un informe negativo de los bomberos, según el cual no se podía celebrar ningún evento o espectáculo dentro del Eko por motivos de seguridad. Desde el primer momento, la intención de la policía ha sido la de cancelar el concierto de hoy sábado.
Finalmente, el colectivo que organizaba el evento ha decidido desconvocar y desmontar todo el escenario. Posteriormente, todas las compas que se habían acercado a la puerta del espacio ante el  posible desalojo han convocado una asamblea de urgencia donde se han dictado las pautas a seguir en los próximos días en caso de que se personen de nuevo en el Eko. Por todo esto, pedimos máxima atención por lo que pueda ocurrir.
Aun así, queremos denunciar que esta actuación policial, que sigue la misma línea que las realizadas hace unos meses en La Traba, La Dragona o en La Gatonera, también en Carabanchel, no tiene nada que ver con las condiciones de seguridad en eventos multitudinarios, pues estas normas nunca se han usado contra los centros okupados. Especialmente porque no existe ánimo de lucro, porque no son multitudinarias y porque toda persona que acude a un CSO sabe perfectamente dónde está y lo hace de forma libre y sin coacción alguna.
Con este comunicado, manifestamos nuestra repulsa a este Estado opresor cuyo único objetivo es cerrar los centros sociales y amedrentar a las personas que participan de ellos. Estos supuestos controles técnicos no tienen más que un objetivo político: acabar con los espacios autogestionados que suponen una alternativa real y cada vez más fuerte a la corrupta sociedad que nos rodea. La estrategia que ha dispuesto la administración pública es clara: reprimir a base de detenciones y multas a quienes participen de estos espacios liberados, así como a quienes acudan a una protesta o a parar un desahucio. Pero no nos callarán. La desobediencia sigue siendo nuestra mejor arma para luchar contra este sistema capitalista corrompido y opresor.
Por todo ello, queremos informar que el Eko seguirá con su funcionamiento normal porque apostamos firmemente por la idea de crear barrio, de dotar a Carabanchel de un espacio político, social y cultural donde prime el procomún. Por tanto, agradecemos a las muchas personas que hoy han venido a apoyarnos, pues sin ellas seguro que la situación habría sido mucho más convulsa. Y desde el ESLA Eko poco más. Reiterar nuestro agradecimiento y animaros a que vengáis a participar de todas las actividades que nacen dentro de estas cuatro paredes que, hasta hace dos años, no eran más que un foco de infección y basura, ya que el edificio llevaba abandonado 14 años. Hoy, con el esfuerzo de muchas personas del barrio y de fuera de él, El Eko tiene más vida que nunca. Y pensamos seguir luchando. Porque la represión no nos va a parar. #EkoResiste

¡¡1, 10, 100, 1000 CENTROS SOCIALES!!

Revolución en punto cero

Este volumen reúne trece artículos de la feminista Silvia Federici fechados entre 1975 y nuestros días. Incluye algunos de los textos fundamentales de la campaña Salarios para el Trabajo Doméstico así como importantes análisis sobre el impacto de los Programas de Ajuste Estructural en los países del Sur, de los que fue testigo en Nigeria. Recoge también sus recientes propuestas sobre los comunes, al igual que algunas críticas a las posiciones de otros pensadores e instituciones actuales. Todas sus contribuciones reflejan tanto la fuerza de su pasión política como la potencia intelectual de su concepción acerca del capitalismo, en general, y del trabajo reproductivo, en particular.

Tres grupos son los protagonistas de este libro: las mujeres, las campesinas y las comuneras. Sobre las primeras recae un trabajo ingente que, por ser imprescindible para la acumulación capitalista, es devaluado y naturalizado como «propio de las mujeres». Las segundas sufren el robo y la contaminación de sus tierras por parte del neoliberalismo (a menudo en forma de guerras) con el objeto de eliminar la agricultura de subsistencia, fuente de autonomía social. El tercer grupo está formado por todos aquellos que generan formas de cooperación no mercantilizadas, relaciones sociales basadas en la solidaridad y la corresponsabilidad.

Este análisis de sus prácticas de resistencia resulta central en aspectos todavía poco explorados en la lucha por un horizonte postcapitalista: la crítica práctica al salario en tanto forma de división social, así como el reconocimiento de todos los trabajos no asalariados que sirven de sustento para la vida en común.

 

Puedes conseguirlo en Traficantes de Sueños.

¿ya se volvió obsoleto el dinero?

¿Ya se volvió obsoleto el dinero?

Anselm Jappe

Los medios y las instancias oficiales ya nos están preparando: muy pronto, va a desencadenarse
una nueva crisis financiera mundial, y será peor que la de 2008. Se habla abiertamente de «
catástrofes » y de « desastres ». Pero, ¿qué pasará después? ¿Cómo viviremos después del
derrumbe a amplia escala de los bancos y las finanzas públicas? Argentina ya vivió esto en
2002. Posteriormente, pagando el precio de un empobrecimiento en masa, la economía
argentina pudo recuperarse un tanto : pero, en este caso, se trataba de un solo país. Actualmente,
todas las finanzas europeas y norteamericanas se encuentran a punto de hundirse juntas, sin
salvador posible.

¿En qué momento el crack de las bolsas dejará de ser una noticia que descubrimos en los
medios para volverse perceptible al pasear en la calle? Respuesta : cuando el dinero haya
perdido su función habitual. O bien haciéndose raro (deflación), o bien circulando en cantidades
enormes pero desvalorizadas (inflación). En ambos casos, la circulación de mercancías y
servicios se hará más lenta, quizás hasta pararse por completo. Quienes poseen mercancías u
ofrecen servicios ya no encontrarán a nadie con capacidad de pagarlos con dinero creíble, lo que
les permitiría comprar a su vez otras mercancías o servicios. Por lo tanto, los conservarán para
ellos mismos. Veremos tiendas llenas, pero sin clientes, fábricas en perfectas condiciones pero
sin nadie para trabajar, y también escuelas donde los profesores dejarán de presentarse, después
de llevar meses sin recibir sueldos. Entonces, nos daremos cuenta de una verdad tan evidente
que ya no la veíamos : no existe ninguna crisis en la producción misma. La productividad en
todos los sectores aumenta continuamente. Las superficies cultivables de la tierra pueden
alimentar a toda la población del mundo, mientras los talleres y las fábricas producen incluso
mucho más de lo que es necesario, deseable y sustentable. Las miserias del mundo no se deben,
como en la Edad Media, a catástrofes naturales, sino más bien a una especie de hechizo que
separa a los hombres de sus productos.

Lo que ya dejó de funcionar, es la “interfaz” que se impuso entre los hombres y lo que
producen: el dinero. En la modernidad, el dinero se volvió la “mediación universal” (Marx). La
crisis nos confronta con la paradoja fundadora de la sociedad capitalista: en ella, la producción
de bienes y servicios no es un fin, sino sólo un medio. El único fin es la multiplicación del
dinero, es invertir un euro o un dólar para conseguir dos. Y cuando este mecanismo se
descompone, es toda la producción “real” que sufre y hasta puede bloquearse por completo. Así
que, como el Tántalo del mito griego, nos encontramos frente a riquezas que, al momento de
querer agarrarlas, se alejan: sólo, porque no podemos pagarlas. Esta renuncia forzada siempre ha
sido el destino del pobre. Pero ahora, y es algo inédito, nos puede pasar a todos, o casi. La
última palabra del mercado es dejarnos morir de hambre en medio de montañas de alimentos
que se pudren, sin que nadie pueda tocarlas.

Sin embargo, los críticos del capitalismo financiero nos aseguran de que las finanzas, el crédito
y las bolsas de valores no son más que verrugas sobre un cuerpo económico sano. Una vez que
haya estallado la “burbuja”, habrá turbulencias y quiebras, pero al final será una sangría
saludable y se podrá volver a iniciar con una economía real más sólida. ¿De veras? Hoy,
conseguimos casi todo pagando. Es el caso, más específicamente, pero no exclusivamente, de la
mayoría de la población que vive en las ciudades y que no podría ni alimentarse con su propia
producción, ni calentarse con sus propios recursos, ni tener luz, ni curarse, ni desplazarse de
manera autónoma. Ni siquiera durante tres días. Si el supermercado, la compañía de luz o el
hospital dejaran de aceptar une dinero “bueno” (por ejemplo una moneda extranjera fuerte, y no
los billetes impresos por el banco nacional, ya completamente desvalorizados), o si ya no
hubiera mucho, llegaríamos muy pronto al desamparo más completo. De estar lo
suficientemente numerosos y listos para la “insurrección”, todavía podríamos asaltar el
supermercado o conectarnos directamente a la red eléctrica. Pero una vez que la tienda deje de
ser abastecida y que la central eléctrica se pare por no poder pagar sus trabajadores y
proveedores, ¿qué haremos? Podríamos organizar un sistema de trueque, nuevas formas de
solidaridad e intercambios directos : hasta sería una magnífica ocasión para renovar el “vínculo
social”. Pero, ¿quien puede creer que lo lograremos en poco tiempo y a larga escala, en medio
del caos y los pillajes? Regresaremos todos al campo, dicen algunos, para tener acceso directo a
las materias primas. Que pena que durante tantos años la Comunidad Europea haya pagado a los
campesinos para cortar sus árboles frutales, arrancar sus viñedos y sacrificar a su ganado…
Después del derrumbe de los países de Europa del Este, millones de personas sobrevivieron
gracias a algún pariente que vivía en el campo y tenía una pequeña hortaliza. ¿Quién podría
decir lo mismo en Europa occidental o Norteamérica?

Quizás no lleguemos a estos extremos. Pero, incluso un derrumbe parcial del sistema financiero
nos confrontaría con las consecuencias de este hecho : nos encontramos atados de pies y manos
con el dinero, ya que se le encomendó la tarea exclusiva de asegurar el funcionamiento de la
sociedad. Dicen que el dinero existió desde los primeros momentos de la historia. Pero, en las
sociedades precapitalistas, tenía un papel meramente marginal. Sólo en las décadas más
recientes hemos llegado al punto de que cada manifestación de la vida (o casi) pasa por el
dinero. Ahora, este se ha infiltrado en los rincones más profundos de la existencia individual y
colectiva. Sin el dinero que hace circular las cosas, somos como un cuerpo privado de sangre.
Pero el dinero sólo es “real” cuando es la expresión de un trabajo efectivamente realizado y del
valor en el cual se representa este trabajo. Por lo demás, el dinero no es más que una ficción,
basada exclusivamente en la confianza mutua de los actores – una confianza que puede llegar a
evaporarse, tal como lo estamos viendo actualmente. Asistimos a un fenómeno que la ciencia
económica no había previsto: no la crisis de una moneda y de la economía que esta representa,
creando así una ventaja para otra moneda más fuerte. El euro, el dólar y el yen están todos en
crisis, y los pocos países a los cuales las agencias evaluadoras todavía atribuyen un AAA, no
tendrán la capacidad suficiente como para salvar a la economía mundial. Ninguna de las recetas
económicas propuestas está funcionando. En ninguna parte. El mercado libre no funciona mejor
que el Estado, la austeridad no sirve más que la reactivación mediante la demanda, el
keynesianismo no más que el monetarismo. El problema se ubica en un nivel más profundo.
Asistimos a una desvalorización del dinero en cuanto tal, a la perdida de su papel, a su
obsolescencia. No por una decisión consciente por parte de una humanidad por fin cansada de lo
que ya Sófocles llamaba “la más funesta de las invenciones humanas”. Sino en un proceso no
controlado, caótico y extremadamente peligroso. Es algo como quitarle su silla de ruedas a
alguien después de haberlo privado del uso de sus piernas durante mucho tiempo. El dinero es
nuestro fetiche: un dios que nosotros mismos hemos creado, del cual creemos que dependemos
y al cual estamos dispuestos a sacrificar todo con tal de aplacar su ira.

¿Qué hacer? No hacen falta los vendedores de recetas alternativas: economía social y solidaria,
sistemas de intercambios locales, monedas alternativas (como monedas fundantes), ayuda
mutua ciudadana… En el mejor de los casos, esto sólo podría funcionar en algunos pequeños
nichos, mientras alrededor lo demás sigue funcionando. Por lo menos, hay algo seguro: no es
suficiente “indignarse” frente a los “excesos” de las finanzas y la “codicia” de los banqueros.
Aunque ésta existe efectivamente, no es la causa, sino la consecuencia del agotamiento de la
dinámica capitalista. La sustitución del trabajo vivo – única fuente de valor que, bajo la formadinero,
es la finalidad exclusiva de la producción capitalista – por tecnologías que no crean
valor, llegó a secar casi por completo la fuente de la producción de valor. Obligado por la
presión de la competencia a desarrollar nuevas tecnologías, el capitalismo ha cortado la rama
sobre la cual estaba sentado. Este proceso, que desde un principio es parte de su lógica
fundamental, ha rebasado en las últimas décadas un umbral crítico. La no rentabilidad del uso
del capital no ha podido ser ocultada sino a través de una expansión cada vez más masiva del
crédito, que es un consumo anticipado de las ganancias esperadas para el futuro. Ahora, hasta
esta prolongación artificial de la vida del capital parece haber agotado todas sus posibilidades.
Por lo tanto, debemos plantearnos la necesidad – pero al mismo tiempo constatar la posibilidad,
la oportunidad – de salir de un sistema basado en el valor y el trabajo abstracto, el dinero y la
mercancía, el capital y el salario. Este salto hacia lo desconocido puede asustar, incluso a
quienes no dejan de denunciar los crímenes de los “capitalistas”. Por el momento, prevalece la
cacería de los malos especuladores. Aunque no podamos sino compartir la indignación frente a
las ganancias de los bancos, hay que subrayar que dicha actitud se queda muy por debajo de una
crítica del capitalismo como sistema. No es de sorprenderse si Obama y Georg Soros dicen
entender esta indignación. La verdad es mucho más trágica : si los bancos caen y empiezan a
darse quiebras en cadena, si dejan de distribuir dinero, estamos en peligro de hundirnos todos
con ellos, pues desde hace mucho tiempo se nos ha privado de la posibilidad de vivir de una
forma que no sea gastando dinero. Sería bueno volver a aprenderlo. Pero, ¡quien sabe a que
“precio” esto ocurrirá!

Nadie puede decir honestamente que sabe cómo organizar la vida de decenas de millones de
personas cuando el dinero habrá perdido su función. Por lo menos sería bueno admitir que ahí
está el problema. Quizás, así como se perfila un después del petróleo, es tiempo de prepararnos
para lo que vendrá después del dinero.
* * *

laNave, vivienda colectiva y autoempleo

Nace laNave, un proyecto de autoempleo y vivienda ubicado en Urgel. Desde este espacio buscamos promover las redes que ya llevan tejiéndose un tiempo en nuestro barrio; entrar en contacto con otros colectivos, servir de espacio para la expresión artística, ofrecer alternativas de consumo a través del autoempleo y todo lo que se nos ocurra.

Pronto entraremos en órbita, manténganse a la espera.

Fin de la transmisión.

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